"LAS 26 PALABRAS MALDITAS" PARTE III: LA ESPADA ESQUIRLADA
Al inicio de noviembre, cuando en la página oficial de NaNoWriMo me pidieron un nombre para el proyecto, escribí sin pensar "Las Treinta Palabras Malditas". Al final, se quedaron en 26. Esta es la tercera.
Ver el final del documento para más notas.
Día 3 - Concepto: ESPADA.
"la espada esquirlada"
Venid, sentaros y relajaros. Hoy os voy a contar un cuento un
tanto especial.
Veréis, hace casi una generación, había un continente
dividido en nueve reinos gobernados por nueve hermanas. Os diré los nombres por
si sois tan curiosas como yo, pero no debéis poner mucha atención en los
primeros.
Al norte encontramos las Tierras del Sol, gobernadas por
Marvel la dama alada, quien presumía de tener el castillo más grande de todos,
ochenta y nueve torres, ni más ni menos. Siempre le había gustado mucho
presumir.
Su vecina al oeste, separada por una estrecha porción de mar,
aunque comunicada con su hermana por un inmenso puente, encontramos la Isla del
Sempiterno Verano, dominada por Cornelia la arquera, que aunque no presumiera
de ello, nunca erraba una flecha.
Al sur de Marvel, su hermana favorita, Orabelle la guardiana,
extendía su influencia por el Cañón Dorado. Tenía una llave de oro que abría
todas las puertas fabricadas y por fabricar.
Al este de Orabelle, la princesa Índigo criaba dragones en la
Bahía a la que las criaturas daban nombre. Cada día salía a volar sobre su
mejor amiga, Chispas, una preciosa
dragona de escamas violeta.
Las gemelas Loreen la ninfa, y Eve la alquimista, gobernaban
en un territorio que bien podía ser un solo reino, pero la primera se asentaba
principalmente en la Laguna Encantada, y la segunda, en el Bosque de los
Sauces. Ellas dos eran las que más conexión tenían con la naturaleza, y entre
ellas.
Al este de estas dos, compartiendo frontera con Índigo, se
encontraba Villa Sagrada, donde Sienna la bardo extendía sus canciones.
Ninguna de ellas es la protagonista de este cuento. No, la
protagonista extendía su domino por el basto y extenso Pantano Negro, el reino
más grande e inhóspito. En un sobrio castillo que constaba con seis altas
torres de piedra oscura, la Gorgona contemplaba su tierra en silencio.
Haré un pequeño inciso antes de continuar, para las más atentas.
Sí, me falta una hermana, la emperatriz Medianoche, pero no se hablaba del
Valle del Tiempo. Casi nada se sabía ni de la mujer, ni del lugar. Algunos
incluso dirían que ninguno de estos dos existía.
Bien, volvamos con la Gorgona. Su cabello estaba formado de
largas, oscuras pero también perezosas serpientes rojas. Su piel, fría y gris
como la piedra de su castillo. Sus ojos, negros allí donde deberían ser
blancos, y blancos donde deberían tener color. Solitaria y estoica, aguardaba
la Gorgona, girando pacientemente su anillo en forma de serpiente.
―Señora ―interrumpió uno de sus guardianes de piedra―. Se
acercan jinetes.
―¿Cuántos? ―repuso ella.
―Dos.
―Vayamos a ver.
La Gorgona puso rumbo hacia la muralla de su castillo.
Quizá por su descripción sea inevitable asumir que esta
hermana no tenía corazón, o que al menos estaría construido en piedra, pero era
ella y no las demás, la que adornaba la cintura del ancho y suelto traje negro que
llevaba con una cadena dorada que constaba de ocho medallones, y sí, tal como
creéis, cada uno representaba a una de sus hermanas.
Al subir al puesto de vigía de la muralla, pudo avistar
fácilmente a los jinetes que sus guardianes habían descrito.
―¿Karyn? ―preguntó la Gorgona.
Ah, esperad, no os he hablado de Karyn. Resulta que Karyn era
una serpiente encantada. Veréis, ella podía moverse como si fuera un fantasma,
podía atravesar muros y todo, con su forma espiritual roja. Pero su forma
física era la de una enorme serpiente de escamas negras. Y cuando digo enorme,
quiero que os imaginéis que Gorgona podía entrar caminando sin agacharse en la
boca de Karyn. Suerte que estas dos eran aliadas ¿eh?
―Son tres de vuestras hermanas, Gorgona ―dijo la serpiente,
enroscándose alrededor de la mujer en su forma espiritual roja.
―¿Qué tres?
―La alquimista, la ninfa y la bardo ―siseó la incorpórea
culebra―. ¿Vais a permitirlas pasar?
―Pues claro, son mis hermanas ―respondió Gorgona con un tono
que bien podría ser de aleccionamiento―. Cuando entren, que los guardianes
leven el puente. Ah, y que enciendan la chimenea del estudio de la torre este,
estas tres se quedan frías enseguida.
―Así se hará.
La Gorgona caminó de vuelta a su larga sala del trono y allí
esperó la petición de sus hermanas, quien sin duda habían ido a pedir algo.
Lo que nunca se imaginó la mujer era que Eve entraría cargando
en brazos a su gemela, ante una sollozante Sienna.
―Ayúdala, por favor ―fue lo único que dijo Eve, sin siquiera mirarla.
―Llevadlas al estudio ―ordenó Gorgona rápidamente a sus
guardianes de piedra―. Está bien, podéis mirarme, estáis a salvo.
Sí, he de admitir que las oscuras serpientes que componían el
cabello de Gorgona eran realmente tranquilas, aunque siempre era mejor no
molestarlas, por lo que pudiera pasar.
En el estudio, tumbaron en un mullido sofá a su inconsciente
hermana, la ninfa. Estaba muy lejos de casa, las tres lo estaban.
―He hecho lo que he podido, pero la sanación está lejos del
alcance de mi grimorio ―dijo Eve desesperada.
―Tranquila ―susurró Gorgona, arrodillándose junto a su
hermana herida―. Cuéntame qué ha pasado.
―Ha sido él ―acusó Eve la alquimista, agarrando con fuerza la
mano inerte de su gemela―. El ejército del Marqués de Huesos ha arrasado la
Laguna Encantada y el Bosque de los Sauces.
―También Villa Sagrada ―añadió Sienna, sentándose en la mesa
sin dejar de acunar su valiosísimo laúd entre sus brazos.
Mientras sus hermanas hablaban, la Gorgona siguió con su
atención fija en Loreen la ninfa. Se frotó las manos y las fue pasando
lentamente por los lugares sangrantes, invocando una oscura bruma que sanó sus
heridas. Y ese era tan solo uno de sus dones.
―¿Qué hay de las demás? ―preguntó Gorgona.
Sienna se puso a rasgar las cuerdas de su instrumento,
llenando la sala de melancólicas notas.
―Índigo marchó volando con sus dragones a las Tierras del
Sol, y se reunió con Orabelle, que también se encontraba allí. Hasta donde sabemos,
Cornelia sigue en su isla, pero a menos que el ejército de huesos sepa nadar,
necesitarían atravesar el reino de Marvel primero ―respondió Eve.
―¿Y Medianoche?
―Nada sabemos de ella ―respondió Sienna―. Desapareció sin
dejar rastro, Gorgona. Tiempo hace ya.
Las mejillas de Loreen recuperaron su color rosado y abrió
los ojos lentamente, quizá los abrió demasiado, pero era debido a la sorpresa
de ver allí a su hermana mayor, quien había cosechado una grieta en la mejilla
desde su último encuentro, como si su piel se hubiera resquebrajado.
―Eres tú… ―susurró Loreen, incorporándose, causando que su
rizado flequillo cayera sobre sus ojos.
La melancólica música de Sienna comenzaba a calentar la
estancia, a mayor ritmo que el propio fuego. Incluso Gorgona sentía su melodía
en el corazón.
―Debes saber algo ―dijo Eve, apoyando la mano en el hombro de
Loreen―. Viene hacia aquí. Toda su fuerza, todos sus esbirros. Nos pisaban los
talones.
―Sentimos mucho atraerlos hasta ti, pero no sabíamos qué otra
cosa hacer ―comentó Sienna.
Cualquier otra persona habría tenido miedo, o habría estado
enfadada con sus hermanas por traer enemigos a sus puertas, pero no la Gorgona.
―Que vengan ―dijo ella―. Si se atreven.
Una sonrisa se formó en el pétreo rostro de Gorgona, curvando
sus labios carmesí.
―Déjanos ayudarte ―dijo Loreen la ninfa, aún sentada en el
sofá, abrazándose su cárdigan manchada de sangre.
―Haced lo que queráis ―repuso Gorgona―. Karyn, avísanos
cuando se encuentren cerca.
―Por supuesto
―siseó la serpiente, sin aparecerse en ninguna de sus formas, consiguiendo que todas
las hermanas salvo una se sobresaltaran.
―¿El laboratorio? ―preguntó Eve.
―Abajo, en las catacumbas. Mis guardianes pueden guiarte
―respondió Gorgona.
―Sienna, ayúdame con el lazo, guardaremos el castillo ―dijo
Loreen la ninfa, aferrando un lazo que brillaba del color del oro, emitiendo
leves copos de luz que se desprendían del propio objeto.
El hilo dorado de la ninfa era su objeto mágico designado,
así como de Sienna era su laúd, y de Eve su grimorio. Gorgona también tenía el
suyo, o mejor dicho, los suyos, pero no nos adelantemos.
La Gorgona esperó toda la noche, observando pacientemente a
través del ventanal que había tras su sobrio trono, mientras Loreen extendió su
lazo alrededor de la muralla del castillo, creando una protección mágica.
Al amanecer, Karyn anunció que el ejército de huesos se reunía
a las afueras del castillo, ante el brumoso y empantanado terreno que lo
rodeaba.
Cualquier persona normal y cuerda habría pensado que en
realidad, el castillo tenía capacidad y recursos para aguantar un asedio
prolongado. Que sus enemigos morirían antes de cruzar. Que al final, ninguna de
las hermanas que aguardaban en el castillo tenía necesidad de salir. Incluso la
estoica Gorgona dedicó un minuto a ese pensamiento.
Pero nadie amenazaba a sus hermanas. Ni siquiera ella.
La pétrea mujer sonrió y se acercó al trono, allí donde una
espada larga como un mandoble y de un metal negro como el carbón descansaba
solitaria. La tomó, reconociendo al instante la frialdad de su vieja amiga,
apoyándola sobre el hombro y caminando descalza hacia la batalla.
Su hermana Eve la interrumpió antes de llegar a la salida,
ofreciéndola varios botecitos con un líquido verde brillante en su interior.
―Lánzalas lejos ―indicó la alquimista.
La Gorgona asintió y agradeció el gesto.
―Mantente dentro con las demás ―advirtió a su hermana―. Levad
el puente cuando yo salga ―indicó a sus guardianes.
Gorgona pisó fuerte el terreno húmedo y empantanado que
caracterizaba su reino, tan familiar para ella.
Estaba expectante. Una parte de sí misma pensaba que no se
atreverían a cruzar, pero las tres hermanas que observaban desde arriba en la
muralla sabían que habría lucha. No habían arrasado tanto terreno para parar
ahora.
―¿Karyn? ―preguntó la Gorgona.
―Estoy contigo ―susurró la serpiente en su forma espiritual,
manifestándose a su lado, rodeándola en una espiral frenética―. Siempre.
Desde su posición, podía escuchar la melodía discordante de
Sienna, diseñada e interpretada para desestabilizar a las fuerzas enemigas.
Una flecha cortó la bruma hasta impactar en el pecho de la
Gorgona, que miró abajo para encontrarla partida en el suelo. Ni siquiera había
hecho una mella en su pétrea piel.
Los ojos de la mujer comenzaron a brillar, y las serpientes
que formaban su cabello se retorcieron entrando en posición de guardia,
preparadas para hacer su trabajo. La Gorgona sonrió, girando su espada en el
aire con la mano derecha, a la vez que giraba su anillo en la mano izquierda.
El ejército de huesos se aproximaba lentamente, como si
tuviesen miedo de una sola guerrera. Si me preguntáis a mí, la temerían si
fuesen conscientes de a quién estaban a punto de enfrentarse. Si me preguntáis
a mí, yo la temía en cierto modo.
Cuando estaban apenas a una carrera de su posición, la
Gorgona golpeó la espada con el anillo. Un golpe seco y potente, con el
diamante negro de la cabeza de la serpiente, el cristal del caos. En cuanto lo hizo, la espada estalló
en decenas de esquirlas de todos los colores, previamente contenidos en el
negro y ahora libres.
Las esquirlas de colores se mantenían atraídas unas a otras,
separadas pero cerca. Al menos, así estaban hasta que Gorgona las envió lejos.
Las esquirlas atravesaban a los miembros del ejército de huesos sin encontrar
resistencia en su camino, yendo y viniendo a las órdenes de su señora, y cuando
ella las soltaba, volvían a su posición atraídas de vuelta a la empuñadura de
la espada.
Gorgona vio como al comprobar que no hacían mella en su piel,
sus enemigos comenzaron a disparar arriba de la muralla, con Sienna como
objetivo, pues era su discordante melodía la que causaba espasmos en los
soldados, pero a causa de éstos, apenas si llegaban allí proyectiles, y los que
lo hacían, se topaban con la barrera mágica del hilo dorado de la ninfa.
Karyn hacía pasadas arrastrándose por el pantano a unas
cuantas filas de distancia de ella, ahora en su cuerpo físico. La enorme
serpiente negra aplastaba a los soldados bajo su peso.
―¡Karyn! ―gritó. Su reptil compañera la miró mientras alzaba
uno de los frascos de Eve y tomó su forma espiritual roja de inmediato,
permitiendo que la Gorgona lanzara la poción sin herirla. Resultó que su
hermana había fabricado una solución que al contacto con la tierra del pantano
provocaba un humo verdoso que hacía arder a los soldados enemigos.
Se oían gritos y se apagaban a la vez, la sangre se derramaba
manchando el pantano que formaba el reino de la pétrea hermana. Ésta continuaba
saltando y moviéndose, empuñando y lanzando las esquirlas hacia todos los
lados, petrificando a aquellos que se atrevían a dejarse ver acercándose
demasiado por el interior de la espesa bruma, abrasándolos hasta que se le
acabaron los botecitos que Eve la alquimista le había facilitado. Estuvo
luchando durante horas sin flaquear.
No podían vencerla. No podían siquiera llegar hasta ella.
Ese día, la Gorgona se transformó en una leyenda en los nueve
reinos, e incluso mucho más allá de éstos, en los territorios inexplorados. El
Marqués de Huesos cayó a manos de la guerrera, quien lo petrificó y lo rompió
en más de mil pedazos, o eso nos cuentan los cantares.
Pero a diferencia de otros cuentos tradicionales que os hayan podido contar, la Gorgona no perdió ni una pizca de su poder ni de su cordura. Y también, a diferencia de otras historias, la Gorgona jamás renunció al amor, porque desde ese día que luchó únicamente para defender a sus hermanas, éstas supieron con certeza que siempre podrían contar con su protección, que aunque a veces estuviesen lejos, siempre estaban juntas, con ella, cerca de su pétreo y aun así cálido corazón.
―Espera, espera ―interrumpió una vocecita infantil―. ¿De
verdad hiciste todo eso, tía Karma?
―Pues claro que no ―respondió la Gorgona, girándose para mirar
a su sobrina―. Tu madre es una exagerada.
―Te dije que no interrumpieras la historia, Augustine ―repuso
Loreen.
―¡Dinos qué paso, mami! ―dijo otra vocecilla, acurrucada al
otro brazo de la ninfa.
―Pues al final, al menos una vez al año, todas las hermanas
se reunían para celebrar el Día de la Reconstrucción, como no podía ser de otra
manera.
―¿Una copa de vino, Loreen? ―preguntó la Gorgona, girándose
hacia su hermana con varias copas servidas. Ofreció otra a Eve la alquimista.
―¿Puedo probarlo yo?
―Tienes que crecer un poco más, Betty ―dijo Loreen, mirando a la pequeña
que seguía acurrucada a su lado. Augustine se había levantado y corría moviendo
el lazo dorado de su madre.
Uno de los guardianes de piedra de Gorgona entró en la
habitación, interrumpiendo la risa de las hermanas.
―Señora, acaba de llegar un mensajero ―susurró en el oído de
la pétrea hermana.
La Gorgona miró el lacre, y sin reconocer el sello, lo rompió
y a cada línea que leyó, una sonrisa se dibujó en su rostro.
―¿Qué es? ―preguntó Eve, acercándose a su hermana con una
copa de vino aún en su mano.
―Ha aparecido un manifiesto en las Montañas Torturadas.
―¿Otra? ―preguntó Loreen con los ojos completamente
iluminados.
Sienna sonrió tímidamente sin dejar de rasgar las cuerdas del
laúd en una banqueta cerca de la chimenea. Sus notas, melancólicas, siempre
melancólicas, guardaban un reflejo que sonaba a nuevos comienzos.
NOTA DE LA AUTORA
Creo
que esta historia estaba pensada desde algún tiempo antes que ese día tres del
NaNoWriMo 2023. Desde que me sumergí en el catálogo de Taylor Swift, siempre había
pensado cómo sería si cada uno de sus álbumes fuese representado por un
personaje diferente. Si sabéis algo de este tema, el relato, contado en formato
de cuento de hadas, está plagado de easter
eggs sobre ese mundo.
En
especial, quería que la protagonista fuera Reputation,
porque creo que hay mucha gente que piensa que es un álbum de estar enfadada,
que también, pero es en esencia, un álbum de amor, y quería que la Gorgona
diera ese aspecto de ser de piedra, lejana e inaccesible, pero resultara ser la
que lucha para defender a sus hermanas únicamente movida por el amor que siente
hacia ellas.
EDIT: este relato fue escrito antes del anuncio de The Tortured Poets Department, pero quería incluir una pequeña referencia. La última revisión fue realizada diez días antes de la salida del álbum.
EDIT II: me encanta el departamento de las poetas torturadas.
Nos vamos leyendo. x.
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